CUENTOS DE FUTBOL OSVALDO SORIANO PDF

En un mundo tan informatizado, a veces se complica comprar un libro o uno "se olvida" de acceder a gloriosos cuentos que fueron escritos hace no mucho tiempo. Que los disfruten. Los jugadores eran siempre los mismos, o los hermanos de los mismos. Las canchas se llenaban para verlos perder de una buena vez.

Author:Nitilar Keran
Country:Lithuania
Language:English (Spanish)
Genre:Marketing
Published (Last):25 July 2007
Pages:145
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ISBN:744-8-58486-455-9
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Fui con Josй Sanfilippo, el hйroe de mi infancia, que fue goleador de San Lorenzo cuatro temporadas seguidas. Caminamos entre las gуndolas, rodeados de cacerolas, quesos y ristras de chorizos. De pronto, mientras nos acercamos a las cajas, Sanfilippo abre los brazos y me dice: "Pensar que acб se la clavй de sobrepique a Roma, en aquel partido contra Boca". Se cruza delante de una gorda que arrastra un carrito lleno de latas, bifes y verduras y dice: "Fue el gol mбs rбpido de la historia".

Concentrado, como esperando un cуrner, me cuenta: "Le dije al cinco, que debutaba: no bien empiece el partido, me mandбs un pelotazo al бrea. No te calentйs que no te voy a hacer quedar mal. Yo era mayor y el chico, Capdevila se llamaba, se asustу, pensу: a ver si no cumplo". La gente nos mira, azorada. Tira el zurdazo. Todos nos damos vuelta para mirar hacia la caja, donde estaba el arco hace treinta y tantos aсos, y a todos nos parece que la pelota se mete arriba, justo donde estбn las pilas para radio y las hojitas de afeitar.

Sanfilippo levanta los brazos para festejar. Los clientes y las cajeras se rompen las manos de tanto aplaudir. Casi me pongo a llorar.

El Nene Sanfilippo habнa hecho de nuevo aquel gol de , nada mбs que para que yo pudiera verlo. El penal mбs largo en el mundo Por Osvaldo Soriano El penal mбs fantбstico del que yo tenga noticia se tirу en en un lugar perdido del valle de Rнo Negro, en Argentina, un domingo por la tarde en un estadio vacнo. Estrella Polar era un club de billares y mesas de baraja, un boliche de borrachos en una calle de tierra que terminaba en la orilla del rнo.

Tenнa un equipo de fъtbol que participaba en el campeonato del valle porque los domingos no habнa otra cosa que hacer y el viento arrastraba la arena de las bardas y el polen de las chacras. Los jugadores eran siempre los mismos, o los hermanos de los mismos. Cuando yo tenнa quince aсos, ellos tendrнan treinta y me parecнan viejнsimos. Dнaz, el arquero, tenнa casi cuarenta y el pelo. El blanco que le caнa sobre la frente de indio araucano. En el campeonato participaban diecisйis clubes y Estrella Polar siempre terminaba mбs abajo del dйcimo puesto.

Creo que en se habнan colocado en el decimotercer lugar y volvнan a sus casas cantando, con la camiseta roja bien doblada en el bolso porque era la ъnica que tenнan. En empezaron ganбndole a Escudo Chileno, otro club de miseria. A nadie le llamo la atenciуn eso. En cambio, un mes despuйs, cuando habнan ganado cuatro partidos seguidos y eran los punteros del torneo, en los doce pueblos del valle empezу a hablarse de ellos.

Las victorias habнan sido por un gol, pero alcanzaban para que Deportivo Belgrano, el eterno campeуn, el de Padini, Constante Gauna y Tata Cardiles, quedara relegado al segundo puesto, un punto mбs abajo. Se hablaba de Estrella Polar en la escuela, en el уmnibus, en la plaza, pero no imaginaba todavнa que al terminar el otoсo tuvieran 22 puntos contra 21 de los nuestros. Las canchas se llenaban para verlos perder de una buena vez.

Eran lentos como burros y pesados como roperos, pero marcaban hombre a hombre y gritaban como marranos cuando no tenнan la pelota. El entrenador, un tipo de traje negro, bigotitos recortados, lunar en frente y pucho apagado entre los labios, corrнa junto a la lнnea de toque y los azuzaba con una vara de mimbre cuando pasaban a su lado.

El pъblico se divertнa con eso y nosotros, que por ser menores jugбbamos los sбbados, no nos explicбbamos como ganaban si eran tan malos. Futbolista y escritor Por Nйstor Lуpez En el sur profundo, Patagonia y alrededores, las canchas de fъtbol son pedregosas, grises y muy ventosas, las marcas no se hacen con cal sino con una zanja poco profunda. Allн se hizo jugador de fъtbol Osvaldo Soriano. Jugaba de centrofуbal, con el 9 en la espalda y el oportunismo a flor de piel para meterse en el бrea contraria.

Nunca pudo emular a sus нdolos, esos hйroes vestidos de azul y rojo que la voz brillante de Fioravanti acercaba gracias a la radio. Reciйn a los 20 aсos, ese 9 rubio y morrudo, cansado de tragar tierra patagуnica, se dio cuenta de que su futuro no estaba en las canchas de fъtbol.

Y se dedicу a escribir. Y se transformу en uno de los mejores escritores argentinos del siglo XX. Pero el fъtbol siempre corriу por su sangre hasta llegar al papel. En toda su obra como novelista, cuentista y periodista, Soriano mezclу realidad con ficciуn de tal forma que se transformу en su sello propio, su estilo para contar, su forma de llegar a ser masivo. Y quizбs por eso fue ninguneado por los acadйmicos de las letras, asн como alguna vez intentaron ignorar a Roberto Arlt y ahora no reconocen como corresponde a Eduardo Sacheri.

Allб perdido en los estantes de una librerнa cualquiera, donde cuesta llegar, se puede encontrar un libro entraсable, maravilloso de Osvaldo Soriano. Se llama Arqueros, ilusionistas y goleadores. Es una recopilaciуn de todo en realidad gran parte de lo que escribiу referido al fъtbol.

Hay ficciуn y realidad. Hay cuentos, notas que escribiу para Pбgina 12 y parte de la cobertura del Mundial 86 que realizу para Il Manifesto, de Roma. Aparece Maradona y, como no podнa ser de otra manera, es posible disfrutar una vez mбs de El penal mбs largo del mundo. Por las noches celebraban en el prostнbulo de Santa Ana y la gorda Leticia se quejaba de que se comieran los restos del pollo que ella guardaban en la heladera. Eran la atracciуn y en el pueblo se les permitнa todo.

Los viejos les recogнan de los bares cuando tomaban demasiado y se ponнan pendencieros; los comerciantes les regalaban algъn juguete o caramelos para los hijos y en el cine, las novias les consentнan caricias por encima de las rodillas.

Fuera de su pueblo nadie los tomaba en serio, ni siquiera cuando le ganaron a Atlйtico San Martнn por 2 a1. En medio de la euforia perdieron, como todo el mundo, en Barda del Medio y al terminar la primera rueda dejaron el primer puesto cuando Deportivo Belgrano los puso en su lugar con siete goles. Todos creнmos, entonces, que la normalidad empezaba a restablecerse. Pero el domingo siguiente ganaron 1 a 0 y siguieron con su letanнa de laboriosos, horribles triunfos y llegaron a la primavera con apenas un punto menos que el campeуn.

El ъltimo enfrentamiento fue histуrico por el penal. El estadio estaba repleto y los techos de las casas tambiйn. Todo el mundo esperaba que Deportivo Belgrano repitiera los siete goles de la primera rueda. El dнa era fresco y soleado y las manzanas empezaban a colorearse en los arboles.

Estrella Polar trajo mбs de quinientos hinchas que tomaron una tribuna por asalto y los bomberos tuvieron que sacar las mangueras para que se quedaran quietos. El referн que pitу el penal era Herminio Silva, un epilйptico que vendнa las rifas del club local y todo el mundo entendiу que se estaba jugando el empleo cuando a los cuarenta minutos del segundo tiempo estaban uno a uno y todavнa no habнa cobrado la pena por mбs que los de Deportivo Belgrano se tiraran de cabeza en el бrea de Estrella Polar y dieran volteretas y malabarismos para impresionarlo.

Con el empate el local era campeуn y Herminio Silva querнa conservar el respeto por sн mismo y no daba penal porque no habнa infracciуn. Pero a los 42 minutos, todos nos quedamos con la boca abierta cuando el puntero izquierdo de Estrella Polar clavу un tiro libre desde muy lejos y se pusieron arriba 2 a 1.

Entonces sн, Herminio Silva pensу en su empleo y alargу el partido hasta que Padнn entrу en el бrea y ni bien se le acercу un defensor pitу. Ahн nomбs dio un pitazo estridente, aparatoso y sancionу el penal.

En ese tiempo el lugar de ejecuciуn no estaba seсalado con una mancha blanca y habнa que contar doce pasos de hombre. Herminio Silva no alcanzу siquiera a recoger la pelota porque el lateral derecho de Estrella Polar, el Colo Rivero, lo durmiу de un cachetazo en la nariz.

Hubo tanta pelea que se hizo de noche y no hubo manera de despejar la cancha ni de despertar a Herminio Silva. El comisario, con la linterna encendida, suspendiу el partido y ordenу disparar al aire. Esa noche el comando militar dictу estado de emergencia, o algo asн, y mandу a enganchar un tren para expulsar del pueblo a toda persona que no tuviera apariencia de vivir allн.

Segъn el tribunal de al Liga, que se reuniу el martes, faltaban jugarse veinte segundos a partir de la ejecuciуn del tiro penal y ese match aparte entre Constante Gauna, el shoteador y el gato Dнaz al arco, tendrнa lugar el domingo siguiente, en el mismo estadio a puertas cerradas. De manera que el penal duro una semana y fue, si nadie me informa lo contrario, el mбs largo de toda la historia.

El miйrcoles faltamos al colegio y nos fuimos al pueblovecino a curiosear. El club estaba cerrado y todos los hombres se habнan reunido do en la cancha, entre las bardas. Formaban una larga fila para patearle penales al Gato Dнaz y el entrenador de traje negro y lunar trataba de explicarles que esa era la mejor manera de probar al arquero.

Al final, todos tiraron su penal y el Gato atajу unos cuantos porque le pateaban con alpargatas y zapatos de calle. Un soldado bajito, callado, que estaba en la cola, le tirу un puntazo con el borseguн militar y casi arranca la red. Al caer la tarde volvieron al pueblo, abrieron el club y se pusieron a jugar a las cartas. Dнaz se quedу toda la noche sin hablar, tirбndose para atrбs el pelo blanco y duro hasta que despuйs de comer se puso un escarbadientes en la boca y dijo: -Constante los tira a la derecha.

El sabe que yo sй que йl sabe -dijo el Gato Dнaz y se levantу para ir a dormir. Relatos de fъtbol Empezу el partido. Arde el fuego de la pasiуn entre todos los hinchas.

Esa pasiуn que inflama sus corazones con el mismo entusiasmo que al pibe que va con el padre por primera vez a la cancha, a conocer en persona al equipo que serб dueсo de su amor por el resto de su vida.

Este libro homenajea esa pasiуn con cuentos sobre padres e hijos, hinchas, relatores y jugadores de ayer, que dejaban la piel en el cйsped mбs allб de los premios y los sueldos, se peinaban con gomina por respeto y se bancaban todos los guadaсazos, descosiendo los hilos gruesos de las pelotas de tiento y salнan a la cancha aъn con fiebre o resaca, haciendo de su profesiуn un culto al amor por la camiseta.

Para ustedes, fieles amantes del deporte mбs popular, son estas historias. Fuente: Programa Libros y Casas, Clic para descargar. El martes no fue a entrenar y el miйrcoles tampoco. El jueves, cuando lo encontraron caminando por las vнas del tren estaba hablando solo y lo seguнa un perro con el rabo cortado. Les tocamos el culo a esos maricones de Belgrano. El viernes, la rubia de Ferreyra esta atendiendo la mercerнa cuando el intendente del pueblo entrу con un ramo de flores y una sonrisa ancha como una sandнa abierta.

Esto te lo manda el Gato Dнaz y hasta el lunes vos decнs que es tu novio. A la noche fueron juntos al cine. En el entreacto el Gato saliу al hall a fumar y la rubia de los Ferreyra se quedу sola en la media luz, con la cartera sobre la falda, leyendo cien veces el programa sin levantar la vista.

El sбbado a la tarde el Gato Dнaz pidiу prestadas dos bicicletas y fueron a pasear a las orillas del rнo. Al caer la tarde la quiso besar, pero ella dio vuelta la cara y dijo que el domingo a la noche, tal vez, despuйs que atajara el penal, en el baile. La rubia Ferreyra lo tomу de la mano y lo llevу hasta donde habнan dejado las bicicletas.

Entonces quiere decir que no me querйs -respondiу la rubia, y volvieron al pueblo. El domingo del penal salieron del club veinte camiones cargados de gente, pero la policнa los detuvo a la entrada del pueblo y tuvieron que quedarse a un costado de la ruta, esperando bajo el sol. En aquel tiempo y en aquel lugar no habнa emisoras de radio, ni forma de enterarse de lo que ocurrнa en una cancha cerrada, de manera que los de Estrella Polar establecieron una posta entre el estadio y la ruta.

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